Tras la publicación de la investigación conocida como “Paradise Papers” se supo que al menos tres funcionarios del actual gobierno de la nación figuraban como administradores de sociedades off shore. Se tratan nada menos que del actual Ministro de Finanzas de la Nación, Luis Caputo, el Ministro de Energía de la Nación, Juan José Aranguren y el ex Ministro de Infraestructura de la Provincia de Buenos Aires, Edgardo Cenzón.

Como es natural, la situación definida por muchos medios de comunicación como un escándalo, no pudo menos que llevar a los tres funcionarios a ensayar un descargo. De sus declaraciones, así como de los comentarios periodísticos, es posible extraer formas específicas de las denominadas técnicas de neutralización (TDN en adelante) desarrolladas primero por Sykes, Gresham y Matza, cuyo correlato en lo que hace a la delincuencia económica se encuentra desarrollado en el artículo “Técnicas de neutralización en el delito económico” publicado por Agustín Carrara y Nicolás Macchione. La especificidad en este caso reside en el empleo de estas técnicas en una de las áreas menos transparentes del mundo del comercio y las finanzas: la operatoria secreta por medio de sociedades off-shore.

Uno de los problemas cardinales en lo que hace a la identificación de las TDN, es su similitud con lo que puede llegar a ser una mera estrategia de defensa, la cual implica elaborar un discurso que desde el principio evite la potencial incriminación por la comisión de un delito. Para echar alguna luz sobre este punto, podemos afirmar que las TDN, por lo general, funcionan más como discurso legitimador de la conducta que como una estrategia de defensa; a su vez tienen por lo general su reflejo en la opinión pública. La conducta que la TDN intenta legitimar siempre será una conducta al filo de la legalidad/ilegalidad. A veces ilegalismo bendecido por la adecuación social propia de una conducta difundida (“todos compran facturas”), a veces legalidad cuestionable (“la elusión no es evasión”). En todos los casos la conducta en cuestión siempre se riñe con la ética.

Las TDN para la operatoria off shore tienen como característica general cierta ambigüedad: todas buscan combatir la “mala fama” de las sociedades off shore afirmando su legalidad, pero en la imposibilidad de combatir la valoración negativa de las mismas, quien enuncia la TDN buscará siempre despegarse.

A continuación tres ejemplos de TDN:   

1) “La operatoria off shore es legal”: Se trata de una de las técnicas más extendidas. Tiene una doble función: afirmar por un lado la legalidad de una práctica que desde el vamos tiene una connotación sospechosa; por otro y en relación a la primera, desviar la discusión de la actividad desarrollada y la falta de transparencia a un aspecto formal societario. De modo que si formar parte de una sociedad off shore es legal, ya no hay más nada por discutir; la actividad propia de dicha sociedad pasa a un segundo plano. Aranguren dijo al respecto: “ser director en estas firmas, como la operatoria de las mismas, no constituye per se un delito ni viola la ley. Operar comercialmente en los países antes mencionados tampoco es un delito”. Sin embargo pesa sobre Aranguren una denuncia por beneficiar con contratos millonarios a estas sociedades. Se trata de un funcionario que desde un principio fue señalado por el conflicto de intereses entre su actividad privada y pública.

2) “Ejercía como administrador”: En este caso lo que se busca no es ya legitimar la actividad off shore, sino de minimizar el rol propio dentro de la sociedad. Dijo Caputo, “Yo era sólo un asesor financiero. Siempre fui manager, nunca me ocupé de lo societario”. Lo interesante de este caso es que busca desligar la potencial responsabilidad individual relegando la connotación negativa de la operatoria off shore al aspecto societario de la misma. En otras palabras, lo que busca es apartarse del aura de oscuridad que pesa sobre la sociedad en términos individuales. Para ello construye la imagen de un trabajador profesional independiente que brinda sus servicios a una sociedad. Esta misma técnica es empleada por Aranguren y por Cenzón. Aranguren dijo “teniendo la responsabilidad del suministro y la distribución de productos Shell en todos los países de Latinoamérica, parte de la cual también incluía ser director representante del accionista en algunas de las entidades que operaban en la región. En el marco de esa función laboral, fui director de Shell Western Supply and Trading Limited con sede en Barbados”. Cenzón sostuvo “No son mías las acciones. Era dinero de Contigiani, un empresario de mi pueblo. Yo era apoderado de sus inversiones, pero dejé de serlo cuando asumí como funcionario público”; sin embargo figuraba como cotitular de acciones por 766.567 dólares de la sociedad off shore Global Multi-Strategy Fund Ltd. Así es que en carácter de directores, representantes o administradores se busca generar la imagen de que nada tienen que ver con sus administrados o representados, cuando en los hechos ser director o administrador equivale a ser la cabeza de los negocios que lleva adelante una sociedad.

3) “La familia, los amigos, el pueblo”: Esta técnica consiste en una variante superadora de la que Carrara y Macchione denominaron “Robo para la corona”. No se trata ya de operar en el contexto de la lealtad hacia un superior a quien cabría la responsabilidad. Dicha actividad se presenta en el marco de lealtades familiares y sus reglas se sujetan más a la costumbre y la tradición donde las relaciones se dan de forma incluso más profunda que la que surge de un contrato comercial. La falta de transparencia no obedece a la intención de ocultar, sino que se trata de relaciones donde prima la intimidad. La falta de transparencia se presenta como un asunto privado, íntimo, “familiar” que no incumbe a los demás. Caputo dijo al respecto de su participación en Alto Global Fund: “era un fondo de inversión para friends and family [familia y amigos]. Muy chiquito, para tener un vehículo institucional más redituable que si va un particular a un banco, donde la tasa es menos atractiva”. Contigiani, empresario socio de Cenzón, había acudido a él para sacar dinero durante el corralito de 2001, “por una cuestión de amistad, casi de familia”. Frente a la falta de documentación, fuentes del diario La Nación sostuvieron que no existía contrato entre Cenzón y Contigiani y que dicha situación “Es difícil entender, pero así funcionan las cosas en el pueblo”. Contigiani ha sido uno de los empresarios beneficiado con último blanqueo de capitales.

Las TDN mencionadas no pretenden agotar el tema, sino servir de muestra respecto del potencial crítico que las mismas poseen a la hora de analizar el discurso de quienes se ven implicados en hechos sospechados de corrupción. A su vez, a través de ellas es posible advertir cómo los discursos se entrelazan con los valores actuales de nuestra sociedad, puesto que las TDN no sólo buscan la autojustificación, sino además comunicar y generar empatía.   

Por lo dicho hasta aquí, se hace necesario discutir de qué modo se aborda la actividad off shore por parte de quienes ejercen y ejercerán la función pública. El primer paso es rechazar todo intento de justificar dicha actividad. La transparencia debe formar parte no sólo de la agenda pública, sino también privada — más aún en momentos en que los cruces entre ambas esferas presentan visibles conflictos de intereses.

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  • Nicolas Gross

    Nicolás es Lic. en Sociología, consultor profesional, investigador en CIPCE y docente e investigador en la UBA.

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